María José Pizarro Rodríguez ha ido armando la historia de su padre como un rompecabezas.
‘No quise ser guerrillera’

Ha tratado de ir armando el personaje de su padre a pedacitos con fotos, testimonios, periódicos, videos, como si se tratara de un rompecabezas. María José Pizarro Rodríguez tomó esa decisión en Barcelona, durante su exilio, cuando se dio cuenta que en ninguna esquina encontraba un recuerdo o a alguien que le preguntara ¿por qué lo asesinaron?
Y en el 2002 empezó a buscar y se dio cuenta que en internet prácticamente su padre había desaparecido. Entonces se prometió revivirlo y creó, en el 2007, una página web, montó una exposición, inició conversatorios y alimentó un documental un año después. Recogió unas 300 cartas que escribió entre 1970 y 1990 con su puño y letra y las condensó en un libro. También creó una fundación.
En el 2010 se vino para Bogotá y se fue reencontrando con Carlos Pizarro, superando las expectativas que tenía. Y se identificó con su ideología. Aprendió a separarlo del personaje histórico, del que militó, primero, en las Farc y desertó después para alzar las banderas del movimiento 19 de abril. Quería entender más al hijo del comandante de las Fuerzas Armadas, al que estudió en el seminario al lado José Obdulio Gaviria y en la universidad con Noemí Sanín y con Ernesto Samper, del que pudo ser como ellos, pero que prefirió la clandestinidad para rebelarse.
No tiene sed de venganza porque asegura que la guerra es hiriente, dolorosa, costosa y no es justa. Ni quiso ser guerrillera por el hecho que le hayan cortado la vida al candidato presidencial precisamente 45 días después de entregar las armas. No está en la búsqueda de confrontar o rechazar al otro porque está convencida que el camino está abierto para hacer política diferente, porque en el 2016, a diferencia de los 70, no son necesarias las armas. Y de hecho desde que se vinculó al Centro Nacional de Memoria Histórica, coordinando el tema de participación de víctimas y exilio, se ha dado cuenta que ha sido una privilegiada, a pesar de su luto, porque encontró situaciones peores por las que pasó ella.
En la charla que moderó Wilfredo Cañizares, director de la fundación Progresar, se definió como mujer, madre, hija, ciudadana de este país y dijo que su historia personal está ligada a la de este país, de muchísimas maneras, íntima, pero también política e ideológicamente. “Soy una mujer de esta generación que camina con sus propios pies”. Y tiene precisamente la edad que tenía su padre cuando le dispararon en el avión: 38 años. Recuerda con exactitud la última vez que lo vio, antes de la declaración conjunta con Rafael Pardo, en 1988, y le dijo: voy a firmar la paz. “Dime por favor que la guerra no me ha deshumanizado”. María José apenas tenía 12 años y en sus cartas ha encontrado esa respuesta.
Al auditorio de la Biblioteca Julio Pérez Ferrero llegó sola, sin escoltas, luciendo una blusa negra con jean y zapatos bajitos, con maquillaje suave, con su cabellera suelta y un incipiente corte punk, orgullosa de poder movilizarse por el país porque le parece aburridísimo sentarse en el Congreso.
¿En qué crees que te pareces a tu papá?
En el arrojo, en el acelere, en el amor que le tengo a mi país, en los sueños, en los ideales.
¿En qué se identifica con él?
En que era un hombre libre de muchas doctrinas y en la posibilidad de construir.
¿No siente miedo andar sin guardaespaldas?
No he hecho nada, no me han amenazado frontalmente. No es que no tenga miedo, sino que es que hay muchísima gente más amenazada que yo y que realmente necesita un escolta. Y de alguna manera uno es visible y la visibilidad te protege también.
Veo en usted una sed de paz...
Sí, la guerra es degradada, dolorosa, es costosa, hiriente. He recorrido este país los últimos seis años encontrándome con historias dolorosas y puedo decir que soy afortunada, porque hay miles de personas que ha vivido peores circunstancias que las mía.
¿Cómo quiere ver al país en 20 años?
Quiero un país diverso, que reconzcan en esa diversidad y en esa multiculturidad su riqueza, quiero un país donde los seres humanos se respetan, donde puedan expresarse con fuerza, pero armónica y tranquilamente.
¿Te ves en un futuro ocupando algún cargo?
Depende de qué rumbo tome este país el próximo mes. No estoy centrando mis esfuerzos porque tenga una curul o porque quiera tener una alcaldía. No se trata de puestos públicos ni poderes políticos. Se trata de lo que queremos para este país.
¿Vas a votar por el sí o no?
Sí, definitivamente.
¿Razones convincentes?
Sí, porque creo que con ese Sí se ve la posibilidad de transformar este país.Si todo lo consignado se cumple, nosotros vamos a tener un país diferente en los próximos 10 años. Digo sí, porque la guerra es absolutamente dolorosa, denigrante, destructora y yo construyo, no destruyo. Porque hace muchísimos años decidí que la guerra no iba a ser el camino de María José Pizarro Rodríguez.
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