A Manuel Ricardo Contreras Velasco, aprender este idioma le trajo un cambio a su vida.
Estudiar francés lo llevó gratis a París

No salía de su asombro al verse parado frente a la emblemática Torre Eiffel. La contemplaba de arriba a abajo y recorrió sus alrededores por largas horas, pero no subió porque había mucho turista. “Fue una escena épica al ver la gigante torre”. Y la convirtió en el sitio ideal para visitar siempre que podía durante sus cinco semanas que permaneció en Francia. Se hizo tomar fotos con su celular para atestiguar la impensable visita.
Manuel Ricardo Contreras Velasco se ganó ‘el boleto’ por medio de una rifa que hicieron en la Alianza Francesa de Cúcuta, entre quince estudiantes que optaron por aprender el idioma durante dos años y medio de seguido. Ese era el requisito para concursar. Ese premio lo veía lejano, pero la suerte lo favoreció. Sentía angustia mientras su nombre era leído en voz alta por el director Johan Naime, quien extrajo el papel de una especie de urna el 31 de octubre del año pasado.
De inmediato llevó la buena noticia a sus padres Freddy Contreras, Yaneth Velasco y a sus dos hermanos. Y desde entonces empezó la odisea para los preparativos del viaje porque apenas había cumplido los 16 años de edad. Es decir, ser menor de edad dificultaba algunos trámites para su salida, solo, del país.
Superado ese inconveniente empacó maletas para despegar del Camilo Daza el 5 de diciembre a Bogotá. Ahí, aprovechó dos días para equiparse de ropa para el frío. Pese a su corta edad, Manuel Ricardo respira madurez e independencia. Y se desenvuelve como un experimentado viajero.
Sintió un poco de miedo antes de aterrizar al aeropuerto de Madrid, donde hizo escala, porque le habían advertido que era caótico. Sin embargo, se anticipó dos horas para evitar cualquier contratiempo.
Su llegada a París fue menos complicada. Rocogió su equipaje y en las afueras lo esperaba un taxi, enviado por la Alianza Francesa, que lo condujo al hotel donde se hospedó las cinco semanas.
Llegó con hambre y mucho frío. Era domingo y todos los supermercados se encontraban cerrados. Le tocó conformarse con un sándwich.
La primera semana no le entendía a los parisinos. “Hablaban muy rápido y usaban muchos anglicismos que nosotros no usamos”. Poco a poco se fue acoplando y asimilando, e ingresó a la jornada de cuatro horas diarias, desde las 9 de la mañana hasta la una de la tarde, en la Alianza Francesa. La idea era perfeccionar el francés, pero los profesores lo felicitaron porque tenía una excelente expresión oral del idioma. Allí cumplió con su objetivo de la beca.
Almorzaba ahí mismo, en la cafetería, y por las tardes las aprovechaba para conocer los museos, la catedral de Notre Dame, el Arco del Triunfo, la avenida de los Campos Elíseos, entre otros.
Pensó que iba a ser traumática su estadía como estudiante por los atentados de la noche del 13 de noviembre del año pasado en donde murieron 137 personas, pero no fue así. Al menos en su recorrido no lo percibió. Ni sintió el rigor de la seguridad por la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cop21).
Tampoco se sintió solo. Se encontró con un profesor cucuteño que estaba también estudiando en la Alianza Francesa y ubicó a un primo que vive en Rennes, a hora y media de París, para pasar el 24 de diciembre en familia y compartir regalos y cena.
El 31 de diciembre se fue para la plaza de Rennes, con su primo, donde había un espectáculo de equilibrismo, alejado de pólvora, de repique de campanas, de abrazos, y del estridente sonido de la radio con el tradicional disco ‘faltan 5 para las 12’.
Además de estudiar de manera intensa aprovechó para comprarle detalles a su familia. “Los perfumes no podían faltar en su maleta”.
Regresó a Cúcuta el 13 de enero para reincoporarse a las clases en el colegio Calasanz donde termina este año bachillerato con todos los honores. Se considera un joven aplicado en todo el sentido de la palabra, de pocos amigos, pero tampoco es un ‘ratón de biblioteca’.
Su ciclo de estudio en la Alianza Francesa prácticamente está terminado porque domina el idioma en un 80 por ciento. Solo tiene que seguir practicando para afianzar la pronunciación.
Ahora, en Cúcuta, retomará su rutina en el gimnasio, en el baloncesto, en el tennis, en el fútbol y buscará el mecanismo para decidir si se convierte a partir del próximo año en un profesional de la medicina o de la economía.
Aunque su rostro es un poco inexpresivo manifestó su alegría por la oportunidad que le dio la Alianza Francesa de poder cruzar ese ‘gran puente’ con un paquete integral bajo el brazo que incluía hotel, alimentación y estudio, que lo llenó de experiencia y que “ojalá puedan aprovechar otros estudiantes por esta vía porque el único requisito es estudiar francés”.
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