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Domingo, 5 Abril 2015 - 9:36am

Tenga cuidado con la maleza pringamoza, la mata que mata

Pablo Pablo Belén Rojas accidentalmente se envenenó con la planta Jatropha urens o maleza pringamoza, que en Cúcuta hace presencia en los cerros y en las zonas áridas.

(Foto Luis Alfredo Estévez / La Opinión)
Esta es la maleza con la que Pablo se envenenó tras caerse y pincharse la mano izquierda.
/ Foto: (Foto Luis Alfredo Estévez / La Opinión)
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"¡Mija… ya nos vemos voy para la iglesia a rezar!", exclamó Pablo y antes de que su esposa contestará cerró la puerta metálica, bajó las gradas y caminó dos cuadras arcillosas -de esas amarillentas que se cuartean por el calor-.

En el camino miró el celular, 6 de la tarde era la hora. Permaneció unos minutos en el templo y salió de regreso. Esta vez, tomó una ruta alterna, con tan mala suerte de que se cayó, ‘alzó el patero’ y se clavó tres espinas en el palmo de la mano izquierda, los mismos que permanecían aferrados al tallo de una diminuta pero venenosa planta.

Pablo, con dolor en la mano, se levantó y alzó el celular. Lo guardó en el bolsillo y el desespero fue tal que con los dientes se sacó las tres espinas y antes de que pudiera limpiarse la tierra que quedó impregnada en el pantalón, llegó a la casa y dijo: ¡Mija… me caí, me chuce con una mata!

Acto seguido, las orejas las sintió calientes y Blanca le confirmó que las tenía más rojas que un tomate. Él, sintió que se iba a desmayar y pensó en ducharse, pero antes de que pudiera hacerlo fue levantado del suelo por Blanca, su esposa, quien aturdida por el momento empezó a gritar al verlo convulsionando.

Los cinco hijos de Pablo Belén Rojas Moncada, de 32 años, se sobresaltaron y salieron a la calle a pedir ayuda. El vecino, Jairo Peñalosa, subió a su amigo en el taxi y moribundo lo llevaron al centro médico La Merced, el más cercano a su casa.

Antes de que el reloj marcará las 7 de la noche de aquel 15 de febrero, Pabló ingresó al centro médico, donde fue estabilizado por el médico Luis Hernán Albarracín.

Allí permaneció hasta las dos de la madrugada. Cuando despertó le dijo al médico que era la planta con la que se había pinchado, no le creyeron y el diagnóstico, pese a que Pablo pidió que le hicieran exámenes de sangre, fue una intoxicación.

Al día siguiente Pablo se despertó con dolor estomacal, diarrea y taquicardia. Él, fue al servicio de Coomeva, EPS a la que está afiliado, pero no le hicieron nada y se calmó los dolores “con mucho aguante”.

Dos días después ingresó por urgencias de la Clínica Santa Ana, con los mismos síntomas, y allí nuevamente para la casa y curiosamente los galenos le pidieron que guardará reposo y que tomara mucho jugo de guayaba.

Pablo y Blanca Cecilia Rolón Ramírez, cansados de pasear de médico en médico, decidieron ir como particulares a la clínica Norte. Allí, tras practicarle exámenes y ver complicaciones cardíacas, fue hospitalizado.

“Sentí alivio al ver un médico que me creía que estaba envenenado por la planta, sin embargo, había pasado mucho tiempo y la única salida era controlarme las crisis”.

Tras salir de la clínica, a Pablo le recomendaron hacerse ver de un especialista en toxicología y una amiga de su esposa le habló de la doctora Guadalupe Osorio en el hospital Erasmo Meoz.

Se salvó de milagro

“Conocí el caso de Pablo y me interesó mucho porque si en Cúcuta hay plantas con sustancias venenosas deben conocerse y los médicos deben aprender a tratar estos casos”, dijo Osorio. “El 90 por ciento del diagnóstico debe hacerse con una buena historia clínica y al paciente hay que creerle”.

Para la especialista en toxicología a Pablo se le trató el caso como una intoxicación normal y los envenenamientos por cianuro pueden ser letales cuando ingresa al organismo más de 200 miligramos.

Osorio señaló que los pacientes que se envenenan con cianuro pueden pasar por tres fases y en el caso de Pablo, por la sintomatología, estuvo entre la 1 y la 2.

“El cianuro al ingresar al organismo afecta las células, elimina el oxígeno y como es compatible con el hierro causa un bloqueo de las enzimas que impiden al cuerpo producir energía”.

En el caso de Pablo, a favor tiene la edad y la masa corporal. Sin embargo, Osorio dice que no hay un tiempo estimado de recuperación, que es lenta y en el caso de él, lo dejó en un estado de depresión.

Papá, la mata mala

¡Papá papá!, no salga porque ahí está la mata mala… le dice a Pablo su hijo menor, mientas él lo mira y las lágrimas invaden su tímido rostro.

Pablo, natural de Arboledas, llegó a Cúcuta hace 20 años y mientras se seca las lágrimas cuenta que empezó a trabajar desde los 12 años y que hasta antes del accidente era el hombre más feliz con su familia, con la que vive en el barrio El Progreso, en la comuna 8 de Cúcuta.

“Tengo miedo, quien iba a pensar que una mata tan indefensa causará tanto daño… me siento mal, estoy acostumbrado a trabajar y ahora no puedo ni salir de la casa porque me desmayo”.

Sus palabras lo llevan a recordar que antes del accidente trabajaba en la construcción de un conjunto cerrado en la vía a Villa del Rosario, donde tenía a su cargo 15 obreros. Pablo es maestro.

Para no perder el trabajo se aventuró a irse días después al accidente en su carro y por el camino perdió el conocimiento. En la obra dejó un reemplazo.

Y como si fuera poco, los $6,0 millones que tenía ahorrados, los gastó en consultas médicas, en la hospitalización y en el tratamiento de desintoxicación al que está sometido, pues la EPS no le brindó la atención oportuna, según él lo manifiesta.

Altamente tóxica

El ingeniero agrónomo y especialista en taxonomía vegetal, Evaristo Carvajal, quien oficia como docente de la Universidad Francisco de Paula Santander, conoció el caso de Pablo por Blanca.

“Ella me trajo una muestra de la planta para que la estudiáramos porque quería comprobar que su esposo se había envenenado con la planta, pues nunca había sentido dolencias”.

En el laboratorio de biología y fisionomía vegetal de la UFPS le hicieron un análisis fitoquímico a la planta, identificándola, por su nombre científico como Jatropha urens.

“El Instituto Colombiano Agropecuario la reporta como una maleza de potrero. Sin embargo, es una planta nativa de los bosques secos tropicales y en Cúcuta hace presencia en los cerros y en las zonas áridas”.

De acuerdo con Carvajal, en el laboratorio el biólogo Giovanni Chávez Bedoya y la magister en fisiología vegetal Luz Jineth Ortiz, determinaron que la planta tiene una alta concentración de glucósido cianogénico, el cual por medio de una enzima es hidrolizado y se transforma en cianuro.

Curiosamente, la parte de la planta donde la concentración es más alta son los pelos urticantes del tallo, las espinas con las que Pablo se pinchó.

De acuerdo con el estudio en cinco centímetros del tallo hay 189 pelos urticantes, en promedio.

El análisis hecho a la planta fue dado a conocer a la toxicóloga Guadalupe Osorio, para quien Pablo se salvó de milagro. “En su desespero se sacó los pelos urticantes con la boca y así ingresó el veneno al cuerpo de Pablo”.

La Jatropha urens, o maleza pringamoza, como se le conoce en la región, es descrita por Evaristo Carvajal como una planta rústica que se adapta al déficit de agua de los cerros de Cúcuta.

“Los pelos urticantes impiden que la planta pierda agua por evaporación. La recomendación es identificarla y no tener contacto con ella”.

 

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