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Hubo una vez en la capital de Norte de Santander, hace más de 50 años, varios seguidores del fútbol y en especial del Cúcuta Deportivo, a los que solo les importaba el buen nombre de la ciudad y de la escuadra profesional y si para ello había que tocar el patrimonio familiar, no lo dudaban dos veces.~
Cuando lo importante era el Cúcuta Deportivo

Hubo una vez en la capital de Norte de Santander, hace más de 50 años, varios seguidores del fútbol y en especial del Cúcuta Deportivo, a los que solo les importaba el buen nombre de la ciudad y de la escuadra profesional y si para ello había que tocar el patrimonio familiar, no lo dudaban dos veces.
Para ellos era vergonzoso que las generaciones siguientes se enteraran que habían sido incapaces de administrar con decoro el equipo profesional. Ser directivo del club rojinegro era un honor igual que ser concejal que no se despreciaba, a sabiendas de que la actividad solo les iba a dejar dividendos emocionales y sí muchos dolores de cabeza.
Uno de esos caballeros fue Reinaldo Omaña Lozada, el médico del barrio San Luis, quien residía por la avenida Demetrio Mendoza.
Omaña nació el 14 de febrero de 1928 y murió el 5 de diciembre de 2014, a los 86 años. De su matrimonio con Olga Patricia Herrán tuvo dos hijos: Olga Patricia y Reinaldo Nicolás, quienes lo acompañaban en el momento de su deceso.
Se graduó de bachiller, en 1946, en el colegio Sagrado Corazón de Jesús y recibió su título de medicina, en 1954, en la Universidad de Antioquia.
Era un hombre de fuerte temperamento pero honrado y de un gran corazón, en el decir de sus amigos.
Capítulo Cúcuta Deportivo
El Cúcuta Deportivo, en 1961, vendió a Rolando Serrano al América de Cali por $20.000 y contrató al uruguayo José ‘Pepe’ Etchegoyen como entrenador y lo autorizó para traer cuatro jugadores, que fueron el defensa Víctor Pignarelli; el mediocampista, Juan Tejera; y los delanteros Luis Decevo y José Píriz.
En marzo de ese año arribaron los uruguayos Juan Eduardo Hoobergh y Walter Gómez quienes junto a sus paisanos José Giampetro y Cleto Castillo y los nacionales Alejandro Sinisterra, Manuel ‘Tinta’ González, Elías Rincón y Gilberto ‘Palomo’ Ramírez fueron la base del equipo, que terminó en el cuarto lugar entre una docena de equipos. El certamen, el 14 que se organizó, lo ganó por sexta vez Millonarios.
El equipo no solo se reforzó en la parte deportiva sino también en la directiva. A la escuadra llegaron León Londoño Tamayo, José Urbina Amorocho, Reinaldo Omaña Lozada, Mario Patitucci, Marino Vargas y Francisco Pérez.
Ser directivo no significaba solamente ingresar de forma gratuita al estadio General Santander sino a gestionar recursos ante los bancos o el gobierno para el manejo de la institución.
Había que buscar, entre otras cosas, el apoyo del sector privado para conseguir la implementación deportiva, que en muchos casos se lograba con diferentes empresas o almacenes, en otras palabras ser gerente sin percibir sueldo y, lo peor, ponerle la cara a la afición que no perdonaba una mala administración o un pésimo resultado deportivo.
Reinaldo Omaña Lozada, además de ser directivo, era el responsable médico de la institución. Ayudaba a ello su condición de jefe de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios El centro hospitalario quedaba donde hoy se ubica la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero.
El último paso
Un año más tarde, la directiva vinculó el goleador José Omar Verdún, quien fue el artillero de la temporada con 36 anotaciones mientras que la escuadra se ubicó octava entre 12, en el certamen que volvió a ganar Millonarios.
En 1963 se presentó un rompimiento entre los directivos. La razón fue el manejo técnico del Cúcuta Deportivo. Un grupo que seguía los delineamientos de los hermanos Hernando y Enrique Lara Hernández y otro donde estaban Reinaldo Omaña, Marino Vargas, Mario Patitucci, Mario Seade y Francisco Pérez.
El primero quería el regreso del ‘Pepe’ Etchegoyen mientras que el otro reclamaba la continuidad de Hobbergh quien asumió la dirección técnica tras el breve paso al frente de la escuadra de Lauro Rodríguez que dirigió entre otros a Armando Santafé, Darío ‘Patilla’ Zapata, Julio Brucessi, Carlos Zas, Ruy López y ‘Canino’ Caicedo, además de Verdún, González, Rincón, Ramírez y Sinisterra.
Como el balance económico y deportivo no era el mejor, Omaña y compañía decidieron entregar el equipo a los hermanos Lara Hernández. El déficit en ese momento era de $150.000 y como la obligación moral era entregar el equipo a paz y salvo Marino Vargas, Mario Patitucci y Reinaldo Omaña optaron por tramitar un préstamo con el Banco Industrial Colombiano (BIC) para cubrir la deuda.
El gerente del BIC, Alfonso Díaz, padre del médico Manuel Díaz Caro, avaló la transacción y cada uno quedó con una deuda de $50.000 con lo que se saneó a la institución. Tras su retiro como directivo Omaña siguió con el apoyo médico a la institución, al fin y al cabo el Cúcuta Deportivo era otra cosa, era pasión.
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