“No podría concebir el arte sin la vida”
Con su exposición Objetos de encuentro, abierta a finales de 2012 en el Museo Ciudad de Cúcuta, Alexandra Mc Cormick generó sorpresas respecto a su concepción del arte. Con esa muestra la plantea como la valorización de elementos que están relacionados con la vida cotidiana.
La artista le expuso a La Opinión las dinámicas de su actividad creadora.
¿Cuál es el género o especialidad de arte en que usted desarrolla sus creaciones?
Seriamente, no podría dar un concepto de género, porque no sabría cómo hacerlo.
La especialidad de arte sería no tener una especialidad de arte, sino varias maneras para solucionar problemas que generen sentido y un diálogo con la vida, con los espacios, con el estar y el no estar. Me gusta pensar en el espacio que hay entre la escultura y el dibujo, entre lo tridimensional y lo bidimensional. Me interesa el espacio, el lugar, sus límites y como estos se dibujan o desdibujan. También cómo se contiene un espacio, cómo lo percibo o cómo lo perciben las personas y se relacionan con este. De la misma manera, son fundamentales las relaciones que entablamos con las personas y con los lugares para poder tanto vivir como plantear los procesos.: cómo un lugar puede ser un espacio que nos contiene o cómo puede ser más pequeño, más poético y nosotros simplemente estar afuera de este y contemplarlo.
Desarrollo procesos que llevan tiempos diferentes, algunos son trabajos puntuales y cortos, otros pueden durar muchos años como “El Territorio”, que viene desde el año 2001.
¿Qué busca expresar con sus obras de la exposición Objetos de encuentro?
Con Susana Quintero, la curadora de la muestra, acordamos en mostrar proyectos consolidados y otros que suceden en el tiempo de la exposición. Pude visitar el museo antes de la exposición y con esto descubrí varias dinámicas del lugar que me parecían importantes de rescatar. Una de estas era la gente cuando se asoma por la ventana a mirar lo que se encuentra en las salas del museo, pero lo hacen tímidamente hasta que uno los invita a entrar. Esa invitación era algo que debía nombrarse desde la calle permanentemente. También visité el depósito del museo, en donde me interesó un acta del tren de 1929 que habla de la conexión del ferrocarril en dos tramos. La historia del ferrocarril es una historia que esconde la ciudad, y solo unas pocas generaciones de personas (aquellas mayores de 70 años) viven con estos relatos del tren de Cúcuta. Para la exposición fue importante sacar a la superficie estos encuentros y mostrarlos en el espacio. Y así como existen relaciones con el lugar del Museo Centenario, he realizado varias obras que parten de esa sensibilidad de estar atenta a algo que acontece en un lugar o algo que define un lugar y que se encuentra representado o nombrado de otra manera. Pero como mencioné anteriormente, el tiempo es decisivo para que estos encuentros empiecen a tomar forma.
Cuando pienso en un objeto, esta palabra puede indicar diversos significados que incluso pueden ser intangibles; una de las definiciones de objeto es: todo lo que puede ser captado por los sentidos o conocido por la razón. La invitación sería entonces buscar y reflexionar en qué es un objeto y la multiplicidad de significados que pueda tener esta palabra, e incluso ponerse en la tarea de buscarlos o encontrarlos en la sala de exposición.
¿Cómo relaciona el arte con la vida?
Estoy atenta a las cosas cotidianas. Por ejemplo, un día en 2001 durante un viaje a Medellín me encontré un zapato con musgo. No sabía muy bien qué iba a hacer con él pero me gustó que tuviera algo del bosque que lo rodeaba, contenido en este objeto, así que me lo llevé a Bogotá. Lo empecé a cuidar, a regar, y me di cuenta que, para que este objeto y su contenido siguieran su existencia, tenía que cubrir unas necesidades particulares de cuidado que solo las empecé a descubrir cuando el objeto estuvo en mi taller. Y ahí empieza el arte a relacionarse con la vida. Doce años después estoy en el Museo Centenario de Cúcuta llevando “El Territorio” con su archivo, y sus múltiples razones de ser. No podría concebir la vida sin el arte, ni el arte sin vida, creo que hay una retroalimentación entre ambos.
¿Refleja sus vivencias en la creación artística?
Más que reflejarlas, busco experiencias en mis procesos artísticos, que se generan en el tiempo.
¿Cómo aprecia el desarrollo del arte en Colombia?
No es fácil ser artista en Colombia, el arte es algo que en Colombia no está tan a la mano de las personas y creo que debería estarlo. Hay muchas actividades culturales que se concentran en Bogotá y hay varias actividades que se tienen que descentralizar o retroalimentar otros lugares del país. El comercio en el arte se ha estado activando en estos últimos cinco años, y esto ayuda para que los artistas puedan seguir trabajando, aunque es un mercado pequeño e incipiente. Creo que falta una conciencia de la importancia del arte en el desarrollo de las personas y de las comunidades para generar bienestar, y, que como cualquier otra actividad profesional, es necesario que sea reconocida.
¿Cuál es su visión cultural de Cúcuta?
Me impresionó cómo las personas participan en eventos culturales, más que en otras ciudades. Creo que han sido importantes eventos como los salones regionales, en mi caso, porque permitió una investigación sobre el lugar y conocer a los artistas que están trabajando desde hace mucho tiempo en la ciudad. Creo que hay que incentivar a las empresas privadas para que apoyen este tipo de actividades.
¿Cómo concibe un museo para la Cúcuta?
Un espacio del que las personas puedan apropiarse, que lo puedan disfrutar; habitarlo, vivirlo, discutirlo. Que las personas se sientan orgullosas de este sitio, y que se construya a partir de las necesidades del lugar, con la conciencia de que se está en la frontera y dispuesto a circular y comerciar con proyectos culturales.
¿Qué alcance tiene su mensaje Se busca?
Conocemos el mapa de nuestro país, conocemos la forma, sus fronteras, todo esto se encuentra en papel, ya sea mapa, escritura, descripción del terreno escrita. Pero en la realidad sabemos que todo lo que contiene ese dibujo de los mapas no podemos habitarlo, ni recorrerlo, puesto que no pertenece a la realidad del lugar. Se busca un terreno en Colombia es un afiche que fue pegado en las calles de Cúcuta, de un terreno que debería existir en el Catatumbo, contiene la información del terreno que está en la escritura y en el Catastro, pero que en la realidad no aparece y no se puede habitar.
¿Qué nuevos proyecto tiene?
Quiero realizar varias publicaciones con la Editorial Tres Palitos.
¿Cuál es su meta decisiva?
No tener metas decisivas sino pequeñas metas que hacen posible vivir y trabajar en lo que me gusta.
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