Es indispensable que se adquiera conciencia sobre la magnitud que tiene la pandemia y se proceda en la vida cotidiana con responsabilidad.
El brazo del COVID-19
La pandemia del COVID-19 sigue expandiéndose con cierta celeridad y en Colombia es una realidad preocupante con variación de su intensidad en los territorios de la nación.
Todavía no se advierte la posibilidad de entrar en una etapa de lo que llaman el aplanamiento de la curva, lo cual no ha permitido levantar el confinamiento o el aislamiento social y, en cambio, sí hay reiteración de los protocolos de control para evitar que se sigan transmitiendo contagios entre la población.
La necesidad de buscar la reactivación de la economía para no agudizar la caída de las empresas y el consiguiente desempleo, ha llevado a la reapertura de sectores productivos, con sometimiento a reglas preventivas.
Sin embargo, en algunos casos no se han cumplido con rigor las exigencias, dejando abierto el riesgo de contagios.
De otra parte, se han presentado resistencias al cumplimiento de las disposiciones orientadas a la protección de las personas. Reuniones festivas, funerales concurridos, desplazamientos ociosos e inconvenientes, se han llevado cabo con irresponsabilidad consentida.
Esa falta de disciplina es un factor negativo y se convierte en caldo de cultivo del virus, a lo cual se agregan las debilidades que registra el sistema de salud del país, pues hay hospitales públicos donde no se tienen los recursos necesarios para atender la emergencia que pesa hoy sobre Colombia.
La pandemia del coronavirus es un mal de extrema gravedad y llegó en forma inesperada. Atrapó a la humanidad, sin que existieran los recursos de defensa que ese colapso requiere. Por eso la postración es predominante, mientras resultan inferiores los esfuerzos por encontrar una cura común.
Es indispensable que se adquiera conciencia sobre la magnitud que tiene la pandemia y se proceda en la vida cotidiana con responsabilidad, en el sentido de cumplir con los protocolos sanitarios esenciales.
Volver hábito el cuidado de lavarse las manos, no salir a paseos ociosos, ni a reuniones de regocijo, es imperativo, pero en general, se deben cumplir todos los demás protocolos de protección. Es una garantía para preservar la vida y restarle a la letalidad que es inherente al desgarrador virus. Las personas, individualmente, tienen que aportar la conducta defensiva que se les pide.
Es una expresión de solidaridad humana para cuyo cumplimiento no debiera requerirse la acción de las autoridades. Cada quien está en el deber de cuidarse a sí mismo y de proteger a los demás.
Así se valoriza la existencia de la sociedad en general y se le hace frente a la ofensiva de una enfermedad encarnizada. En lo que respecta a Norte Santander se deben tomar en cuenta los efectos alcanzados por el COVID-19 y seguir en el empeño de restarle intensidad con sujeción de todos a los protocolos que ayudan a disminuir sus efectos letales. Hay que atender las recomendaciones sanitarias. No hay que incurrir en actos de desacato, ni desbordarse en excesos.
Cada quien debe poner de su parte con voluntad solidaria. Y a las autoridades les corresponde velar por la seguridad de todos. Se está ante una situación que exige la mayor sensatez.
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