El colombiano, inesperado goleador en Brasil 2014, llega a Rusia 2018 para ganarse de nuevo un lugar en el Hall de la Fama de los Mundiales.
James Rodríguez, el niño prodigio
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seis clubes donde ha jugado. Archivo"
Hace cuatro años, un muchachito de nombre James Rodríguez, indiferente para el planeta fútbol, se fue de Brasil con un botín inimaginado. El goleador del Mundial-2014 persigue algo más en Rusia-2018, pero ahora convertido en auténtica estrella.
Brasil había preparado una fiesta descomunal para ganar su sexta Copa del Mundo con un Neymar en el papel protagónico, pero apareció el infortunio en el camino del entonces joven astro del Barça y luego la catástrofe para la Seleçao.
Messi llevó de la mano a Argentina hasta la final en el Maracaná y chocó con la Mannschaft de Joachim Low. Cristiano Ronaldo apenas se dejó ver y se marchó en la primera fase, como lo hicieron ingleses e italianos, y hasta la temida España que defendía su corona mundial.
Y entonces apareció James Rodríguez. El prodigio precoz de apenas 22 años conquistó al país del 'jogo bonito' con seis goles y una zurda exquisita para llevar a Colombia hasta los cuartos de final, su mejor participación histórica en cinco Mundiales disputados.
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En el mítico Maracaná marcó el gol del torneo, su inolvidable volea desde fuera del área en los octavos de final frente a Uruguay, que le valió el premio Puskas de la Fifa de ese año.
"Ojalá sea como 2014. Sueño con poder hacerlo igual de bien o mejor. Para eso estoy trabajando y para eso estamos trabajando todos, el objetivo es colectivo y los sueños de todos son similares en esto", aseguró un James radiante tras la victoria 3-2 de Colombia sobre Francia en marzo en Saint-Denis.
Con la sonrisa renovada
Más maduro, pero aún con la cara y sonrisa de niño, el '10' colombiano llega a Rusia-2018 con suficientes argumentos para ganarse nuevamente un lugar en el Hall de la Fama de las Copas del Mundo.
"James era un desconocido relativo antes de la Copa del Mundo de 2014. Después de anotar tres goles para Colombia en la etapa de grupos, anotó el gol del torneo antes de sumar un segundo para vencer a Uruguay", recordó la Fifa recientemente en un video en su página en internet.
"James ganó la bota de oro y se convirtió en un nombre familiar", agregó.
José Pékerman, el experimentado técnico argentino de Colombia, ha sabido mimar a James desde que asumió la conducción del seleccionado cafetero, convirtiéndolo en una pieza irreemplazable en su estructura de juego.
"Él, para mí, ha sido como un padre", destacó el volante del Bayern Múnich. "Me ha ayudado mucho tanto en el fútbol como en mi vida también. Es un entrenador que sabe mucho y estoy agradecido a él".
El Mundial-2014 le abrió a James las puertas del Santiago Bernabéu, y tras una primera temporada deslumbrante y otras dos campañas turbulentas, en especial por el cortocircuito en la relación con su entonces DT Zinedine Zidane, el colombiano puso rumbo a Alemania.
En julio del pasado año aterrizó en Múnich cedido por dos años y no tardó en echarse al bolsillo a la hinchada de los bávaros.
Los números de la temporada 2017-2018 lo dicen todo: 39 partidos jugados entre Bundesliga, Copa y Liga de Campeones, 8 goles y 14 asistencias. James había recuperado la sonrisa que había extraviado en la Casa Blanca.
La aventura de James en el Bayern parece tener larga historia, porque el campeón alemán, que se comprometió con Florentino Pérez a pagar 5 millones de euros por cada una de las dos temporadas de cesión, está dispuesto a desembolsar 35,2 millones de euros para quedarse con la ficha del colombiano.
Algo bueno viene para James, y qué mejor que otro Mundial para volver a desfilar por la alfombra roja.
Las habilidades de James Rodríguez
Velocidad de ejecución: James recibe y ya sabe las variantes que tiene en su siguiente pase y lo hace en el menor tiempo posible.
Precisión: Sabe dónde quiere llevar el balón, y lo hace. Busca al compañero y éste, sabe que el colombiano le corresponderá.
Libertad entre líneas: le gusta sentirse libre con el espacio y el tiempo necesario para buscar un socio en ataque que casi siempre terminan bien.
Buen compañero: conoce a sus compañeros y sabe en qué momento pueden entrar en juego y desequilibrar.
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