La Asociación de Colombiana de Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) dio ayudas económicos para facilitar la manutención inicial.
Afectados por cierre fronterizo reciben auxilio de trabajo

Ubaldo Prieto, oriundo de Villa del Rosario, vivía en La Mulera, estado Táchira. Llegó hace 20 días a Cúcuta, a uno de los albergues de deportados, y ayer se marchó a Bogotá para trabajar, luego de ser capacitado por el Sena.
Es inspector de seguridad industrial y aunque se graduó hace dos años en Cúcuta, solo obtuvo trabajo en Venezuela donde, según cuenta, abundan las oportunidades aunque el salario sea modesto.
Sin embargo, el último día que trabajó lo esperaba una desagradable sorpresa rumbo a su casa, cuando lo detuvieron en Peracal y le dijeron que su carné industrial ya no le servía.
“Les dije que cómo era posible, si se me vencía en diciembre, pero insistieron en que no era un documento válido”, relató. “Al final, la frase fue: no queremos ver colombianos en el Táchira, excepto a quienes tengan el pasaporte internacional”.
Su esposa venezolana se quedó del otro lado, con su hijo de dos meses de edad, y como no le permitieron salir se aventuró por Juan Frío y se reencontraron en una carpa.
“Era mucha la incertidumbre, de saber si el gobierno iba a poder ayudarnos, pero con la capacitación fue un alivio”, dijo.
Ubaldo ahora tiene un certificado para trabajar en alturas y, tal como fue el compromiso del Sena, la capacitación le garantizó la vinculación inmediata.
A la fecha, de acuerdo con Soraya Ulloa, funcionaria de la entidad, los destinos en los que se han recibido a los deportados son Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Medellín, Valledupar, Neiva, Pereira, Montería, Cartagena y Barrancabermeja.
Con el fin de apoyar el traslado de estas personas, la Asociación de Colombiana de Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) dio ayudas económicos para facilitar la manutención inicial.
En el caso de Ubaldo, fueron 400 mil pesos, con los que tratará de subsistir los primeros días, más 3 mil bolívares que conservó y, al menos ayer, no pudo cambiar.
“Estamos contentos porque yo digo que el señor Nicolás Maduro, antes de hacernos un daño, personalmente, me hizo un bien”, dijo. “Yo en Venezuela trabajaba por siete mil bolívares, que al pasarlos a pesos son $45 mil mensuales, pero hoy trabajando en Colombia ya podemos tener un sueldo mínimo con todas las prestaciones”.
Aunque teme que el sueldo no sea suficiente para vivir en la capital, dice entusiasmado que hará lo posible por continuar su vida, inicialmente en un hotel, mientras llegan otros apoyos del Gobierno e incluso aquellos prometidos por el alcalde Gustavo Petro.
Jairo Pulecio, presidente de la Junta Directiva de Acopi Norte de Santander, afirmó que los apoyos varían según los núcleos familiares y anunció que estos no serán los únicos, pues se dará más ayuda que los comerciantes quieren brindar.
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