El deportista le dio a Colombia una histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Invierno de la Juventud.
Patinador Diego Amaya ahora busca clasificar a Pekín 2022

En la sede del Ministerio del Deporte, el patinador Diego Amaya compareció en rueda de prensa para entregarle al país su medalla de plata conseguida en los Juegos Olímpicos de Invierno de la Juventud de Lausanne 2020.
Con la presencia de directivos del Comité Olímpico Colombiano (COC), Alberto Herrera Ayala, el presidente de la Federación Colombiana de Patinaje (Fedepatín), y Ernesto Lucena, Ministro del Deporte, se llevó a cabo el encuentro.
Herrera Ayala, conmovido, celebró el triunfo del joven bogotano y recordó las bases del proyecto ‘Del trópico al hielo’, que en 2015 inició para apoyar a patinadores de ruedas en el hielo en busca de pelear triunfos como el de Diego.
“Siempre hemos creído en este proceso. Lo que usted ha hecho es histórico, nos hace felices a todos. Es un niño, tiene 16 años, y le muestra a Colombia cómo se puede ser campeón: humildad, dedicación, constancia y trabajo. Me la juego con usted, cómo sea”, manifestó el presidente de la Fedepatín.
Además, prometió participación de cuatro atletas (dos hombres y dos mujeres) en los próximos Olímpicos de Invierno y en busca de las medallas de oro.
Después de la intervención, el momento de Diego Amaya llegó y en primer lugar le dio un papel primordial a sus padres: “siempre me han apoyado desde el comienzo. Mi mamá siempre ha estado ahí siempre, le agradezco por ser la mejor mamá del mundo. Mi papá también, desde siempre ha estado ahí, a pesar de que no vive conmigo me apoya de corazón”.
Comentó que no hay por qué agradecerle por este logro en Suiza ya que hizo “esto de corazón y para representar a Colombia”.
“Cuando crucé la meta no me lo creía, después de los cuartos puestos que había hecho. Estaba desesperado por conseguir una medalla, la anhelaba desde hace mucho tiempo. Estaba muy contento, la ceremonia fue genial”, agregó el medallista olímpico.
De su proceso hasta llegar a la plata en Lausanne 2020, Amaya indicó que al comienzo pensaba “que iba a aprender rápido e iba a ser el mejor. Hay que ser muy perfecto en cada movimiento. Esa fue la barrera más dura, darme cuenta que tenía que empezar de cero otra vez”.
Así mismo, manifestó que tampoco ha sido fácil para él “llevar la vida normal de un adolescente. Se pierde la vida social, tengo que entrenar seis horas al día. Cambió bastante mi vida, he sido muy disciplinado”.
Sin embargo, dejó claro que cada esfuerzo “definitivamente, vale la pena. El camino va a ser duro, pero hay que seguir. Estar lejos de la familia no es fácil, pero para conseguir algo hay que sacrificar cosas. Estoy en un momento muy bonito”.
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