El periodista Javier Osuna habla de su más reciente libro donde cuenta las historias del paramilitarismo en Norte de Santander.
"A las cenizas no se les puede hacer un testeo de ADN"

Javier Osuna, es un periodista, esencialmente judicial, y por estos días estrena su más reciente libro: ‘Me hablarás del fuego. Los hornos de la infamia’, un texto que narra los horrores del conflicto armado en Colombia, aunque se centra en las huellas que el paramilitarismo dejó en Norte de Santander.
Este es un ejercicio con el que termina un trabajo de estudios de maestría en ‘Investigación social interdisciplinar’, y que dio sus primeros pasos entre 2008 y 2009, y arranca tras conocer la declaración que ante un fiscal de Justicia y Paz entregó Jorge Iván Laverde Zapata, comandante del frente 'Fronteras del bloque Catatumbo' de las AUC, y a quien prefiere no mencionar por el alias de ‘El Iguano’, su remoquete en la ilegalidad.
La narración parte de las historias reales de Luis, Moisés y Víctor, cuyos nombres fueron cambiados por cuestiones de seguridad para las familias de los protagonistas, y se sustenta en los hechos ocurridos en Juan Frío, una ladrillera en la que fueron desaparecidas cientos de personas; el otro fue Pacolandia, donde se vivieron hechos similares.
“Yo hice la nota el día que se conocí los hechos, y al otro día en los medios solo se escuchaba el testimonio del victimario, nadie se preocupaba por las víctimas. Por eso decidí hacer una investigación más reposada”, dice el autor en diálogo con Colprensa.
- ¿Cuántas víctimas…?
Sé de 506 personas que fueron incineradas en Norte de Santander, pero de seguro serán muchas más.
- ¿Cuánto tardó recopilando la información que sustenta el libro?
Casi cuatro años. Lo que quise fue hacer un trabajo detallado, no con el corre-corre del día a día del periodismo.
- ¿Se habla de una desmovilización del paramilitarismo, sí se dio ese desmonte?
No. Lo que hoy el Gobierno llama bacrim, son los paramilitares que no se desmovilizaron. Hoy cerca de Cúcuta (Norte de Santander) donde el frente 'Fronteras' fue tan fuerte, aún no hay garantías de no repetición. Allí hay un manto de silencio muy grande. Las bacrim siguen intimidando en la zona.
- Usted habla de tres historias, de tres personas. ¿Son reales?, ¿Cómo las identificó para tener certeza de que no estaba errado?
Sí son reales, tardé año y medio tratando de tener certeza de quiénes eran estas víctimas, ellos representan a los más de 506 desaparecidos que se dieron en la zona.
- ¿Qué mensaje le deja a usted esta investigación?
A mi, y el que yo quiero transmitir, es que no es posible que en la sociedad estemos aún desapareciendo personas. Además, he querido rendirle homenaje a la vida que trasciende más allá de las cenizas.
- Hoy se habla de reparación, de no repetición y de encontrar desaparecidos. ¿Se puede dar eso en estos casos tan escabrosos?
Este es un drama, pues a las cenizas no se les puede hacer un testeo de ADN. No habrá en este caso una verdad real, pues los familiares jamás van a tener la certeza de recibir a sus seres queridos, deberán quedarse con el testimonio de los victimarios y con las averiguaciones que hicieron.
- ¿Cómo se explica la fortaleza del frente 'Fronteras'?
En Norte de Santander el paramilitarismo creció a la par de un modelo de Estado, esa fue la diferencia con el resto del país. En el libro se corrobora que muchos miembros de las Fuerza Pública eran pagados por el propio Jorge Iván Laverde. Yo siento que esas estructuras ilegales, si bien se redujeron, se mantienen.
- ¿Cómo se puede sustentar lo que acaba de decir?
Yo estuve mes y medio en la zona de Juan Frío haciendo fotos para el libro, y la llegada allí fue muy difícil, sigue habiendo control de ilegales, las autoridades tienen en la mente esa zona como algo vedado. Muchas personas aún sienten mucho temor de hablar pues temen por sus vidas.
- ¿Cómo hacer el duelo con esas circunstancias?
No se puede. Esos son espacios de desaparición que en muchos casos están siendo acabados a maceta. Estos espacios son unos escenarios que deberían servir de memoria, deberíamos llenarlos de valor para que sirvan como una manera de reconocer y recordar que fue un horror que no se puede repetir.
- Mucho fue el horror, ¿entre todo, qué lo sorprendió más?
Una petición que me hizo la mamá de Luis (uno de los personajes), pues me dijo que le tomara fotos a las prendas de vestir. Yo creí que eso era imposible, pues habían pasado 10 años. La sorpresa fue encontrar aún restos de ropa y de zapatos, eso fue muy impactante.
- ¿Por qué los hornos, por qué el horror?
En Norte de Santander los actores criminales –dicen ellos- no contaban con ríos caudalosos a los cuales echar los cadáveres. En ese sentido lo que se le ocurrió a Jorge Iván Laverde fue incinerarlos en hornos, al estilo de los campos de concentración nazi.
- ¿Ha recibido amenazas?
Sí. Actualmente tengo un esquema de seguridad pues he recibido presiones. El 22 de agosto de 2014, mientras venía de la zona hacia Bogotá, me informaron que mi apartamento había sido quemado. He recibido llamadas intimidatorias.
Terrible estar investigando y hablando de hornos y cremaciones, y le quemen su casa. Eso fue terrible, fue un mensaje claro...
- ¿Cómo se vio afectada su investigación por la quema?
De este libro se perdió un porcentaje cercano al 40 por ciento. Pero yo soy muy terco. A pesar de todo, muchas otras puertas se abrieron para seguir adelante con la investigación. Quienes nos quisieron callarme, motivaron una investigación más profunda.
- Llamativa la tapa del libro. Hableme de eso...
La pintura que aparece en la portada es una imagen que no estaba hecha para el libro, es el resultado de un proyecto artístico iniciado por Juan Manuel Echavarría que se llama ‘La guerra que no hemos visto’. Él quiso que excombatientes cambiarán las armas por pinceles, y la pintura fue echa por un militar que participó en un allanamiento a uno de los hornos.
- Usted habló con Jorge Iván Laverde, pero no lo llama por el alias, ¿por qué?
Con él hablé el 23 de diciembre pasado, y después de la entrevista decidí no llamarlo por el alias ('El Iguano') porque quiero creer que es una persona que se estaba sujetando a una estructura criminal. Además, porque estamos en un proceso de paz y los colombianos tenemos que aprender a convivir con estos seres humanos que cometieron graves crímenes.
- Muchos son los libros que se han escrito sobre el horror del conflicto, y pareciera que este fuera un libro más...
Por mucho tiempo sentí lo mismo. Espero que estas nuevas generaciones sean las encargadas de nombrar estas cosas para que no se vuelvan a repetir. Lo cierto es que la indiferencia de las personas lastima mucho, pero hay que entender que la voz de los desaparecidos nunca ha dejado de hablarnos. A nosotros nos han enseñado a no escucharlos, y eso obedece a que el principal responsable de los desaparecidos es el Estado.
- ¿Después de este trabajo, cómo analiza el proceso de paz con las Farc?
Yo soy optimista.
- Y de la intimidación a periodistas...
En el libro quise tener un capitulo especial para John Jairo Jácome, un fabuloso periodista del diario La Opinión de Cúcuta, a quien el Estado debería brindarle la seguridad tan fuerte que requiere.
*Colprensa
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